miércoles, 29 de enero de 2020

Forastera

Hoy me dieron ganas de ser extraña de nuevo, en el sitio donde hace muchos años lo fui, y es que es tan cómodo no conocer a nadie y que nadie te conozca; sentir que no traes más que lo puesto; sentir que en ese instante podrías fácilmente tomar un autobus hacia cualquier lugar, sin dejar nada atrás. Así que busqué dónde sentarme, dónde pedir un trago y observar; lo extraño o lo hermoso, es que no me sentí ajena como lo quería, ya que todos alrededor compartíamos esa misma mirada un tanto triste y un tanto dueños absolutos cada quien de su propia desolación.
Pareciera que el tiempo retrocedió ¿cuántos años? ¿15? ¿tal vez más? La tristeza tiene memoria. Lo cierto es que por momentos volvió a carcomerme esa terrible sensación de incertidumbre, y temo admitirlo, por momentos también, volví a saborear su dulce amargor.
Solo fueron un par de horas en las que quise recordarme a mí misma, que a pesar de todo y de todas aquellas personas que quisieran verme vencida, que soy mucho más fuerte de lo que suponen, y que este momento que me tomé para mí, es tan solo una pausa en mi camino.

lunes, 6 de agosto de 2012

Y yo sin saber qué hacer… de aquel olor a mujer


Sólo un corazón desgarrado puede entender la grandeza de Chavela… porque un corazón hecho añicos habla en su mismo idioma y comparte el mismo llanto, brinda por el mismo duelo y canta por el mismo adiós, que, aunque es otro, siempre acaba siendo el mismo.
Cada que suena una canción de Chavela, se vierte un tequila que ha de ser bebido a la salud de alguien que ya se fue, pero también a la salud propia, por ser un sobreviviente del desamor y del abandono, e irónicamente, por tener la dignidad de quien agarra los trozos del suelo y canta “… ojalá que te vaya bonito…” .
Chavela hacía de cualquier canción un llanto, un desquebrajamiento del alma, de la propia y de la de cualquiera.
Chavela, además de Chamana, era la exorcista de todas las almas atormentadas por los demonios del dolor, de todas las penas que necesitan salir, porque no caben en el alma…
Chavela nos es tan familiar, porque ha sido la compañera de parranda, de llanto y de noches en vela, por eso la pérdida se convierte en propia.
Chavela, la misma que nos ha cantado cien veces seguidas la misma canción… hasta que se acaba el tequila, o hasta que se nubla la razón.
Chavela no tenía que morir para trascender… hace años lo había hecho.

lunes, 9 de julio de 2012

¿Monumento a la Paz… o la Manga del Muerto?


Hay un tema que lo traigo atravesado desde hace semanas y es hora de sacarlo.
Estoy muy lejos de la política y de todos los intereses que hay detrás de cada faramalla que se realiza en éste o en cualquier lugar, sin embargo, el uso del sentido común nadie me lo quita.
Sigo impactada ante el “Monumento a la Paz” o “Fair Play” recientemente inaugurado en Cancún, aprovechando la “Copa Mundo Maya”.
En primer lugar ¿por qué hacerle un monumento a la paz, si no tenemos paz? ¿o es que las noticias locales que a diario escuchamos o leemos no cuentan? ¿Y tampoco los testimonios de vecinos, conocidos y los propios, con nuestras historias acerca de un hecho del cuál hemos sido víctimas de la delincuencia? ¿es eso estar en paz?. Segundo ¿por qué gastan dinero para hacer ese espantocérrimo balón, mientras hay muchísimas calles que no cuentan con banquetas para que la gente pueda transitar a pie sin exponer su vida? y no sólo en regiones terriblemente pobres, sino en toda la ciudad. Y tercero, suponiendo que ésta es una ciudad con tanta paz que merece un monumento y que además es segura, limpia y todo funciona a la perfección (cuando hablo de ciudad no sólo me refiero a la zona hotelera, sino a toda la ciudad) y nos preocupamos tanto del turismo, como de la gente que día a día saca adelante a Cancún…. ¿quién tuvo el atrevimiento de diseñar este modelito? ¿y quién aceptó dicho diseño? Se supone que queremos darle a Cancún una imagen de primer mundo, de vanguardia, de ciudad cosmopolita… y nuestros “monumentos” son más kitsch que un frasco de Nivea en una palanca de velocidades (otro ejemplo, la Glorieta del Ceviche). Un balón multicolor con una paloma embarrada, sin ningún sentido de la estética. Dejen de gastar dinero en cosas inútiles, que sólo ensucian un paisaje con un símbolo tan hermoso como el de nuestra bandera nacional y pónganse a hacer obras que de verdad enaltezcan a nuestra ciudad. Yo amo Cancún, pero no me alegro de este tipo de teatritos, como ser nombrada “Capital Mundial de la Paz”. Debemos exigir que realmente exista paz, no sólo para los turistas, sino para todos sus habitantes. Amar a Cancún no significa taparle sus defectos, significa trabajar para ser mejores, canalizar recursos hacia donde se requieren. No necesitamos nombramientos absurdos, ni postularnos como una de las 20 ciudades más hermosas del mundo, cuando no lo somos.
Si queremos recuperar el liderazgo turístico no será a base de mentiras, sino de realidades. Hay muchas cosas de las cuáles estar orgullosos, pero faltan otras muchas.
Ese bodrio espeluznante con una paloma estrellada, no sirve de nada. Tantas mentiras a nadie ayudan.

jueves, 16 de junio de 2011

Conversaciones que se escuchan sin querer…


En un café una mujer le decía indignada a otra:
-¿Cómo? ¿lloraste frente a él?
A lo que la otra mujer, con la voz entrecortada respondió:
Él me acababa de destrozar la vida, me partió en mil pedazos el alma… ¿ya qué importancia tenía llorar frente a él?

domingo, 31 de octubre de 2010

Bienvenidos

Este blog, hermano de Obispo y Azabache (obispoyazabache.blogspot.com) ha sido creado como un espacio íntimo, para compartir experiencias, pensamientos, poesía, libros, cine, artistas... en fin, todo lo que sea capaz de modificar nuestro ánimo, aunque sea por un sólo momento, o cambiar nuestra vida de forma definitiva.
Y para empezar, les dejo un fragmento de una canción de mi siempre admirado Joan Manuel Serrat:



Donde quiera que estés,
te gustará saber
que por flaca que fuese la vereda
no malvendí tu pañuelo de seda
por un trozo de pan
y que jamás,
por más cansado que 
estuviese, abandoné
tu recuerdo a la orilla del camino
y por fría que fuera mi noche triste,
no eché al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.

Joan Manuel Serrat